El director, Marco Antonio García de Paz, trabajador infatigable, con las ideas muy claras que han sido adecuadamente transmitidas a sus miembros.

CRÍTICA de JOSÉ ANTONIO LACÁRCEL (Periódico Ideal) Granada –  

No podemos ni debemos olvidar que la Edad de Oro de nuestra música, la española, coincide con el Renacimiento, que se manifiesta con la gloriosa aportación de hombres como Victoria, Guerrero, Morales, y un largo etcétera. Gran padre de la musicología española fue el compositor y tratadista don Francisco Asenjo Barbieri, que descubrió el Cancionero de Palacio y que fue uno de los pioneros en revalorizar y reivindicar nuestro Renacimiento.

Hoy todo el mundo conoce sobradamente la proyección artística de Guerrero, de Victoria y de Morales. Y que el Renacimiento es algo muy importante en la historia de la música patria y da un timbre de gloria a la creación musical española. Por eso tenemos que sentirnos especialmente satisfechos cuando nos encontramos con un coro –El León de Oro– de tanta calidad, tan perfectamente conjuntado, con las voces tan bien trabajadas y denominando un repertorio en el que se encuentra lo más importante y granado de nuestra música. Me ha llamado favorablemente la atención la gran preparación de las voces. A veces los autores renacentistas exigen a las voces blancas llegar hasta el límite. Pero cuando el trabajo realizado es tan positivo como el que ha desarrollado El León de Oro, resulta satisfactorio, ejemplar, el poder disfrutar de unas tan ricas partituras en todo su esplendor.

Gran director, Marco Antonio García de Paz, trabajador infatigable, con las ideas muy claras y que han sido adecuadamente transmitidas a los miembros del coro. Se ha apreciado desde los tres momentos de Francisco de Guerrero (1528-1599). Las dificultades de las obras han sido superadas brillantemente y nos han dado una visión plena de belleza y musicalidad, notándose sobre todo en el formidable “Magnificat 4º toni“. Y todavía han brillado más en la Salve Regina y, sobre todo, en “La Missa Salve“, de Tomás Luís de Victoria (1548-1610), donde se advierte el bellísimo efecto de la policoralidad. El broche de oro ha estado en una obra del gran italiano, Palestrina, que ponía un punto y final a una gran actuación. Voces, formación musical y capacidad expresiva han sido las constantes del coro El León de Oro y de su excelente director.